martes, 3 de febrero de 2015

EXPERIENCIA DE VOLUNTARIADO INTERNACIONAL, MOZAMBIQUE

CHIMWEMWE CHA YESU,

La Alegría de Jesús


KHANIMAMBO

África para cualquier voluntario significa un antes y un después en su vida. Aunque viajar a cualquier parte del mundo también tiene tal efecto. Pero África es África. Es una tierra en la que la mezcla de lo más rudimentario con lo más sofisticado, las religiones ancestrales con las modernas, la pura naturaleza con el asfalto de las ciudades, y muchas otras cosas… tienen un golpe de efecto en nuestra mentalidad occidental. Es chocante todo lo que ves.

En Mozambique me pasó eso. Realmente puedo decir que mi experiencia misionera se divide en tres enfoques:

Enfoque antropológico. Este enfoque realmente me hizo estar unos días en shock porque, aunque conociera en cierto modo la realidad tal como es, no me esperaba que fuera tan impactante. Realmente el ser humano es algo asombroso. Y es porque su capacidad de adaptación al medio le hace único. Llegué a comprender que eso que les hace únicos es gracias a su instinto de supervivencia o simplemente de vivir. Los occidentales en sus circunstancias imagino que estaríamos quejándonos, enfermos o ya muertos (exagerando un poco). Si no te preparas o no eres abierto, posiblemente es lo que te pase. Pero el africano es un ser humano asombroso: luchador, fuerte y ama la vida… o simplemente vive la vida como es. Cada segundo, cada minuto, cada hora. E ir allí es un reto para cualquier persona que quiera transformar su ser. También la forma de afrontar la muerte y de apoyarse en la muerte. Es algo tan normal y cotidiano, que si no lo hicieran así… se desmorarían. O más bien, nos desmoraríamos. La verdad que cuando uno comienza a comprender la realidad que viven, uno se siente bien. Se siente cercano pero… un mes supo a poco.

Enfoque social. Desde este enfoque la verdad que la sociedad africana… va dando pasos poco a poco. Es comprensible en parte, porque todas las personas viven al límite. Y no tienen culturalmente la ayuda a los otros incluida en su norma social. Bueno, si la tienen, pero sólo a aquellos que pertenezcan a su tribu. Es asombroso como todavía se dividen en su organización social en tribus. Luego a ello hay que unir la diversidad de credos. Tampoco puedo hablar de ello pero no creo que se relacionen mucho los cristianos con los musulmanes, y con otras creencias. A ello se une la corrupción de sus gobiernos con la venta del país a las potencias para explotar su riqueza. Y lo malo de dar entrada a occidente, es que todos los vicios de occidente son cogidos por los jóvenes: dinero fácil, prostitución, drogas y alcohol. Eso no quiere decir que todos lo hagan; por otro lado son muy trabajadores… y se buscan la vida muy pronto. Aunque eso también conlleva el que abandonan la escuela pronto. Pero hay que decir que la escuela no está muy desarrollada. Es obligatoria, pero el Estado apenas se ocupa de ella. Aunque a la vez era chocante ver que los colectivos más débiles como los ciegos, sordos y diversas discapacidades estaban siendo ya atendidas. Y viendo la joven “democracia” que es; es un gran paso.

Enfoque cristiano. Desde este enfoque la verdad que sólo puedo decir que es tierra de misión. La presencia de la Iglesia es mostrada a través de las órdenes religiosas que habitan esa tierra. Y realmente siento que transmiten el mensaje de Jesús de un modo vivificante y verdadero. Mi crítica va a la Iglesia de base, la jerárquica. La cual me recuerda a tiempos pasados. Cerrados. Por lo cual espero que escuche más a su pueblo, que abandona la fe a otras creencias. Tuve la suerte de vivir esos días con las hermanas Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor. Y sé que Dios actúa en las vidas de ellas para fortalecerlas para afrontar cada día la realidad que viven.

Esos tres enfoques unidos hacen que uno se dé cuenta que en África hay mucho que hacer pero en Europa y todo el mundo también. Porque el cambio en Europa y el mundo ayudará a que Africa sea ella misma.

Creo que el ser humano debería dejar sus diferencias de lado y caminar unidos para hacer de este mundo un lugar mejor. Y para hacerlo mejor, lo primordial es no explotar a nuestros hermanos. Por lo que la misión de la Iglesia en África es defender al africano de los países que van a explotarles. Dejarles vivir su vida como ellos decidan y luchar porque un niño de Maputo viva igual que uno de Freetown. Y que la población en general pueda vivir una vida dignamente sin tener que vivir ellos para que el mundo occidental tenga sus lujos.



Jesús


CHIMWEMWE CHA YESU


Sueños, sueños que te hacen impulsarte hacia delante y seguir caminando hasta conseguir que se hagan realidad. África, ese era mi gran sueño desde niña.

Tras un camino recorrido en el grupo de Voluntariado Misionero María Ana Mogas y después de mi primera experiencia misionera en Argentina en el 2009, sentía que aún latía fuerte aquel sueño africano. Sin embargo, ya no dependía únicamente de mi decisión sino de un proyecto común de vida junto con mi marido, Jesús. Así, después de una experiencia de voluntariado en Marruecos, nos fuimos preparando para nuestra misión en Mozambique estudiando portugués y conociendo los proyectos de allí.

Y por fin, llegó nuestra hora. Volamos rumbo a Maputo, capital de Mozambique, donde nos acogieron generosamente las hermanas que viven allí. Conocimos la preciosa “Escola Mª Ana Mogas”, la cual comenzó debajo de un árbol, y el Hogar que alberga a niños huérfanos o con dificultades económicas que les permite recibir una buena educación.



Después de unos días allí, nos dirigimos hacia nuestro destino misionero: Tete. Se trata de una ciudad que se encuentra en el norte del país, en la llamada “zona quente” debido a su tierra de carbón y las altas temperaturas casi constantes durante todo el año. Actualmente, existen más de 150 empresas extranjeras que extraen carbón y lo exportan. Tete, mantiene un núcleo urbano de estilo colonial rodeado de crecientes barrios llenos de payotas y pequeñas casas de ladrillo construidas sobre piedra y habitadas por emigrantes procedentes del campo en busca de una vida mejor. Es un entorno marcado por el cruce del río Zambeze al que acuden todos los días decenas de personas para lavar la ropa, bañarse o pescar, arriesgando la vida ante la posible aparición de un cocodrilo. Todo este entramado no se podría comunicar si no fuera por su imponente puente que hace posible el tránsito, ya sea a pie, en coche, moto o chiapa.  

Nosotros convivimos en la casa de una Comunidad de cinco hermanas: Fabia, Lurdes, Judite y Selma (mozambicanas) y Sonia (española). Desde el primer momento nos sentimos en familia. Sonia nos ayudó mucho a adaptarnos y a conocer más aquella realidad llena de grandes contrastes y paradojas que convivían juntos.

El primer día, nos llegó la noticia de que había fallecido la hermana de Rodolfo, un chico ciego muy querido y cercano a las hermanas. Fue uno de los momentos más fuertes. Sentimos el sufrimiento de la familia y les acompañamos en el velatorio y en el cementerio. Al fijarme en las lápidas me impactó el ver que allí yacían jóvenes de mi edad y muchos niños y adolescentes. Aquello me removió por dentro. Qué cantidad de vidas acortadas, sin más futuro.





Al día siguiente, comenzamos nuestra labor misionera en el CREI, Centro Regional de Educación Inclusiva. Este Centro tiene 112 alumnos, la mayoría con distintas discapacidades, de los cuales 68 viven allí. Nuestra labor fue de asesoramiento a los profesores en la educación de chicos con discapacidad, ya que apenas tienen formación sobre ello. También pudimos organizar unas jornadas de ocio y tiempo libre con un grupo de niños que no se fueron a sus casas en vacaciones. Nos llenó mucho el poder propiciarles un espacio diferente en el que desarrollar sus capacidades y en el que conseguimos comunicarnos, disfrutar y compartir lo que cada uno era.

Otra de las experiencias que más me marcaron fueron las visitas que realizábamos a la Prisión femenina donde les enseñábamos a las mujeres a hacer pulseras, rezábamos y escuchábamos sus historias llenas de dolor y angustia. Esos ratos que compartíamos con ellas eran sus momentos de desconexión de aquel lugar en el que pasaban la mayor parte del día trabajando en la machamba (huerta).

Durante el tiempo que vivimos en Tete, fuimos conscientes de todo tipo de necesidades, desde los más vulnerables (niños y ancianos), hasta la falta de formación profesional en algunos sectores como la educación y la sanidad. Vimos escenas de ancianos abandonados en sus humildes payotas pero también de ancianos que cuidan de otros más débiles. Niños cuya morada es la calle que sólo conocen la limosna de los extranjeros blancos, y otros niños que disfrutan de un sano ocio en Centros de Día sustentados por Congregaciones religiosas. Muchos niños  huérfanos a causa del SIDA y la tuberculosis que viven en Orfanatos con manos que les cuidan y les brindan una nueva oportunidad de ser grandes personas.

Para nosotros fue una sensación muy fuerte la normalidad de la coexistencia de la Vida y la Muerte,  la alegría y la tristeza, la celebración y la despedida. Nos marcaron sus misas de más de dos horas donde el forastero se siente acogido y bendecido, donde se canta y se danza para alabar y dar gracias a Dios.

A raíz de esto, me planteo que una de las claves más  importantes para transformar nuestro mundo es convertirnos en agentes multiplicadores, agentes de cambio que siembren pequeñas semillas en personas que a su vez trabajen por convertir su mundo en un lugar más digno y justo donde vivir. Los mozambicanos cuentan con grandes cualidades que admiro como su Fuerza, su capacidad de lucha ante las dificultades, su unión Comunitaria tanto para lo bueno como para lo malo, su esperanza de algo mejor, su alegría y sus grandes sonrisas.


Para concluir, quería hacer mención a uno de los días más felices de mi estancia en Mozambique y de mi vida: el día de mi cumpleaños. Ese día realmente experimentamos el sentido de “un único pueblo”. Nos reunimos personas de Brasil, Venezuela, España y Mozambique. Celebramos el don de la vida y compartimos la Eucaristía, la comida y la cultura de cada uno. Nunca olvidaré a mis hermanos de misión y a mis hermanos los preferidos de Dios, a los que nadie tiene en cuenta.

Todo esto me lleva a entender mucho mejor y a intentar cada día vivir el verdadero significado que varias veces nos decían los sacerdotes y la gente de allí: CHIMWEMWE CHA YESU (lengua Chichewa) o KUKONDWA YESU (lengua Nyungwe) que significa LA ALEGRÍA DE JESÚS (Leticia y Jesús) uniendo nuestros nombres y dándole sentido desde la fe en Jesucristo.




Leticia



¡GRACIAS A TODOS!




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