domingo, 10 de marzo de 2013

Voluntariado Internacional: Experiencias


EN MI BARCA NO HAY ORO NI ESPADAS…
EXPERIENCIA MISIONERA EN BENÍN









    Durante un largo tiempo tintineaba en nuestro interior el “Señor, en mi barca no hay oro ni espada, tan solo redes y mi trabajo “. Yo acababa de jubilarme y en mi barca, no había, ni siquiera redes y a partir de ese momento, ni trabajo. Nos sentíamos, sin caudal espiritual que presentar al Señor y nuestras alforjas estaban del todo vacías y por tanto sin bagaje que presentar cuando llegara el momento de la verdad. Solo teníamos tiempo, mejor dicho, disponíamos de tiempo, ya que incluso el tiempo es de Dios, y El nos ha hecho depositarios y administradores del mismo. Así, pues, pensando en la parábola evangélica de los talentos y desconociendo, por nuestra parte, cuantos talentos nos ha dado el Señor,  amarramos lo único seguro de lo que disponíamos, el tiempo. Y se lo quisimos entregar a su Dueño, pero revestido de algún valor, como nuestro amor, nuestra entrega, nuestro sacrificio y nuestra disposición a realizar lo que fuera de su agrado y que nos sirviera de moneda y caudal imperecedero y que ni la polilla ni la herrumbre oxidara.
     Esto resuelto, nos quedaba, dónde mejor emplear nuestro tiempo y a qué obra o asociación dirigirnos para realizar nuestro empeño. Pasaron por nuestra mente, muchas asociaciones, ONG de todo tipo, pero no nos satisfacían ni colmaban nuestros deseos, ya que nuestra idea no es meramente filantrópica, sino impregnada de sentido cristiano y evangélico. Por esas fechas coincidió la venida a Madrid de Sor Lola Villazán.
     Impulsados por esta fuerza que en nosotros renacía, decidimos hacer de Dios el ideal de nuestra nueva vida, sin darnos cuenta que a Dios lo teníamos tan cerca y dentro de nosotros.       Para nosotros era necesario abandonar el pasado  puesto que ya no éramos dueños de él y el futuro que Dios nos deparase, vivirlo intensamente en el momento que se hiciese presente.     Este presente estaba ante nosotros de un modo real y crudo, puesto que nos vimos en un ambiente tan distinto al nuestro que al comienzo sentimos temor de no poder llevar a cabo todas las expectativas imaginadas. Procuramos, por todos los medios a nuestro alcance adaptarnos al ambiente y costumbres nativas, poniendo todo nuestro empeño y esforzándonos en conseguirlo, lo cual, a veces, no fue fácil.  Nuestra pequeña experiencia, nos dice que no hay vida cristiana, sino en aquellas personas que se abren a la cruz, haciendo realidad las palabras de Jesús” si alguien quiere venir en pos de mí, tome su cruz y me siga”. Con los ejemplos de amor y entrega con que éramos a cada momento agasajados por la hermanas misioneras, no solo hacia nosotros, sino de un modo especial, hacia esa gente tan necesitada de todo, nos sentíamos capaces de olvidar y participar  en sus luchas, esfuerzos y conquistas que diariamente y con tesón conseguían a fuerza de sacrificio y sobre todo amor hacia los más pobres y desvalidos y en especial hacia los niños.
     ¡Qué escenas de ternura hemos vivido en la misión! En el amor, nadie es tan pobre que no tenga algo que dar, y nadie tan rico que no tenga algo que recibir. Este pensamiento nos animaba a poner en práctica nuestras posibilidades de dar. Yo no lo sé, pero pienso que hay mucha más gente necesitada de amor que de dinero.
Durante toda nuestra estancia en Benín hemos sido felices, aunque también hemos probado ciertas amarguras.  Sabemos con toda certeza que de lo poco o mucho, más bien poco, creo yo, que hayamos podido dar, ha quedado largamente superado y compensado por lo mucho que hemos recibido. El hombre cuanto más tiene, menos ama, y cuanto más es y más se acerca a Dios, más ama, y es por eso que nuestro entorno y nuestra sociedad que tiene tanto, no ama. Nosotros somos lo que somos, no lo que tenemos, por eso nuestras hermanas misioneras del Benín dan lo que son AMOR, ENTREGA, PAZ, ALEGRIA Y VIDA.

                                     UN ABRAZO CARIÑOSO Y FRATERNAL DE
                                                         MUCHA  E IGNACIO
             
                                                                                                           Villagarcía de Arosa, 20/09/2011

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