miércoles, 2 de septiembre de 2015

EXPERIENCIA DE VOLUNTARIADO INTERNACIONAL, PERÚ



“Llena tus manos de gestos hermosos, escribe en tu corazón nombres nuevos, imagina que tus pasos construyen un mundo mejor.”


No sabía que mi destino iba a ser la selva de Perú durante todos esos años que algo en mí me decía que tenía que vivir una experiencia de voluntariado misionero, pero me lo propuse como objetivo en mi vida y lo he conseguido en el verano de 2015. A través de la gran familia que es el grupo de Voluntariado Misionero Mª Ana Mogas y gracias a otras muchas personas que se han cruzado en mi camino, llegué a los pueblos de Quillazú y Oxapampa, en la región de Pasco, una zona conocida como ceja de selva ya que es donde se una la sierra con la selva peruana.


He tenido la gran oportunidad de compartir durante dos meses casa con las hermanas fmmdp, de formar parte de su día a día, de la labor que desarrollan con las familias de su alrededor y también de zonas más alejadas, he podido involucrarme en una cultura nueva y distinta, de vivir con su gente y de compartir experiencias, sueños, dificultades…de personas cuya principal característica es la hospitalidad y el cariño hacia los demás, el entregar el 100% de todo lo que tienen, sea más o menos. Mi principal labor la desarrollé en dos colegios de las hermanas, contando con mi formación como psicóloga pude apoyar a los profesores en temas relacionados con las inteligencias múltiples, el manejo de emociones o el diseñar un proyecto de vida y orientación vocacional-profesional para los alumnos de último curso. Por otro lado también he acompañado a las hermanas en sus tareas, ya fuese en hacer la compra, ir a un pueblo junto al sacerdote para que este celebrase misa, visitar a una persona enferma o a los familiares de un fallecido. Y como todo lo que sepas hacer, se te de mejor o peor, debe ponerse al servicio de los demás, también hubo alguna clase de inglés, entrenamientos de baloncesto y ensayos de danza española “Sevillanas”.

A la gente cuando vuelves le gusta preguntar “¿con qué te quedas?”, no es sencillo contestar a esto, pero voy a intentar resumirlo en tres puntos: 


Las personas; aunque sabemos que las apariencias engañan, uno de los contrastes más fuertes que viví fue el conocer la vida y la situación de los alumnos de los colegios, la gran mayoría provienen de familias desestructuradas, con un nivel adquisitivo bastante bajo y otros numerosos problemas de todo tipo, muy discordante con el uniforme (que por ley todos los llevan al colegio en el país) y la sonrisa con la que llegaban al colegio cada mañana. 
El crecimiento personal; el compartir con los demás nos hace crecer, sobre todo cuando hablamos de otra cultura, de vivir en una comunidad de hermanas, de desconectar de la civilización occidental. He crecido cuando alguien se ha sentado a mi lado simplemente porque necesitaba que lo escuchase y cuando me encontraba sola conmigo misma. 
El encuentro con Dios;
me di cuenta de que es en tu soledad donde está Dios, que hay cosas, problemas, alegrías, momentos…que sólo Dios entiende y  que sólo con Él se comparten. Pero para eso antes tienes que encontrarlo, y la soledad y el silencio para mi fueron claves.



María Garrido, septiembre de 2016 (Córdoba)

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